Aún sigo esperando una palmada en la espalda en los malos momentos cuando más deseo desaparecer, una ayuda para levantarme cuando se me hiela el cuerpo y se me encoje el cogote porque todo es tan frío que parece que voy a morir muy lentamente congelada por mis propias pesadillas, por mis propios demonios.
También sigo esperando que los sueños dejen de ser sueños, que las lagrimas de dolor dejen de ser de dolor para convertirse en lagrimas de alegría, y que llegue alguien a mi vida que me rescate por completo de mi oscuridad, como en esos cuentos de hadas y princesas que tanto me gustaban cuando era pequeña, pero nadie consigue sacarme totalmente, solo a ratos alivian mi tristeza y mi dolor...
Aún sigo cantando a la nada, porque ya no hay nadie que escuche mi voz cada mañana, tarde y noche con canciones que las siento porque no hay nada más profundo ni sincero que expresarse cantando, pero ahora canto al cielo, canto a las estrellas, a mi estrella que eres tú.
Y aún sigo perdiéndome en la noche preguntándole a una lumbre el porqué nadie me escucha, el porqué siento miedo desde que me dejaron sola, y porque salgo corriendo esperando encontrar cuando pare una respuesta para tantos porqués juntos.
También sigo soñando casi con la misma ilusión y fe de que se cumplan mis sueños que lo hacía antes, aunque algunos sueños se esfumaron y además hay que cosas que nunca cambian.
Ya apenas creo en algo o alguien que no sea yo misma y es que con el tiempo me he dado cuenta de que si quieres no decepcionarte no debes confiar ni creer nada ni nadie más que en ti y aveces incluso así te sigues decepcionando.
Supongo que no he cambiado tanto, que sigo siendo la misma de siempre, sigo teniendo los ojos vendados, aunque ahora soy un poco más pícara y bastante menos inocente, sigo aprendiendo cada día a cada instante y la verdad es que cuando creo no poder sorprenderme más aún, sigo haciéndolo y es emocionante a la vez que doloroso en ocasiones, pero supongo que así es la vida.

No hay comentarios:
Publicar un comentario